La «Bioética» es una disciplina muy reciente y se encuentra en un periodo de expansión. Es además una disciplina que suele ir acompañada de un gran prestigio. Se invoca su nombre y su autoridad como criterio decisivo para formar nuestros juicios acerca de las cuestiones más urgentes que en torno a la vida se nos plantean: ¿es lícita la clonación?, ¿es una conducta bioética elegir, en las listas de espera de un hospital quirúrgico, a un joven con gran esperanza de vida dejando postergado a un viejo decrépito?
Se da por supuesto que se sabe lo que es la Bioética; pero si preguntamos a quien la invoca, difícilmente podrá decir más de dos o tres palabras tautológicas, que a lo sumo serán meras paráfrasis de la etimología (como «la Bioética es la ética de la vida») o cosas por el estilo. Lo más grave de estas apelaciones a la Bioética, en general, es que ellas presuponen a la Bioética como si fuese una disciplina que implica un conjunto de normas universales y unívocas, cuando esto no ocurre en absoluto. Sin perjuicio de muchos puntos de intersección entre ellas, hay muchas corrientes y escuelas bioéticas que mantienen principios teóricos y prácticos muy distintos desde el punto de vista ideológico, filosófico, religioso o político.
- Fundamentalismo científico y Bioética, Conferencia de Gustavo Bueno en la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI), el jueves 25 de febrero de 2010, inaugurando el ciclo de conferencias 2010 de esa institución, presentado por su presidente, el doctor Marcelo Palacios.
La bioética es la rama de la ética filosófica en la que se reflexiona y se concluye sobre los problemas planteados por las ciencias de la vida y su intervención en el ámbito humano.
Surge como defensora del factor humano ante el avance de la tecnología biomédica y plantea problemas como la clonación, la eutanasia, el aborto, la reproducción asistida, los experimentos genéticos, etc.
El término bioética tiene un origen etimológico bien
conocido: bios–ethos, comúnmente traducido por ética de la vida. Hoy en día
asistimos a la recuperación del concepto de bioética entendida como bioética
global una ética de la vida entendida en sentido amplio, que comprendiera no
sólo los actos del hombre sobre la vida humana, sino también sobre aquella
animal y medioambiental.
La bioética es el estudio sistemático e interdisciplinar de
las acciones del hombre sobre la vida humana, vegetal y animal, considerando
sus implicaciones antropológicas y éticas, con la finalidad de ver
racionalmente aquello que es bueno para el hombre, las futuras generaciones y
el ecosistema, para encontrar una posible solución clínica o elaborar una
normativa jurídica adecuada.
Gilbert Hottois ha planteado que la participación de la Filosofía en la Bioética debe ser más formal que sustancial: debe cumplir roles de análisis, corrección lógica y regulación metodológica.
La misión de los Filósofos en la bioética debe consistir en ser más bien guardianes de la ética de la discusión para procurar que todas las opiniones se respeten entre si.
Esto se debe a que en los debates bioéticos no existe una sola postura ética sino concepciones de tradiciones de pensamiento muy distintas donde cada filósofo representa su ideología, por ejemplo las discusiones filosóficas sobre el embrión humano serán diferentes si se ven desde una ética cristiana o una ética utilitarista o pgragmática.
La Filosofía proporciona a la Bioética su carácter de problema abierto con su origen en la duda permanente como forma de vida, es una razón práctica de carácter dialógico.
Sin embargo la Filosofía no puede renunciar a pronunciarse sobre el fundamento y las consecuencias prácticas de las ideas y principios bioéticos que sirvan de base para la acción. En este sentido es una ética aplicada.
Tiene un carácter transdisciplinario porque aborda el complejísimo problema de la vida en el planeta, exigen que se incorporen los aportes de la Biología y todas las ciencias de la vida, las ciencias sociales, el Derecho etc.
Ejemplo de problema bioético:
En el caso de la clonación de embriones para
utilizarlos como fuente de células madre destinadas a la regeneración o
transplante de tejidos y órganos, el debate ha tenido que desembocar, de una u
otra forma, en un callejón filosófico sin salida: ¿cuál es el estatus del
embrión?; es idéntico al de una persona o no?; ¿puede tener un aspecto solo instrumental o no?; ¿es un artefacto o una entidad natural?; ¿es
comercializable o no, si posee “dignidad”
humana o un valor especial diferente a cualquier otro ser vivo?
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