FILOSOFÍA POLÍTICA
¿Existe un “bien” universalmente válido?
En caso afirmativo: ¿Quién lo legitima?
¿Quién lo gestiona?
¿Qué es la Filosofía política?
¿Cuál es su objetivo final?
¿El bien común siempre se definió de igual manera?
La filosofía política es una rama de la filosofía que
estudia los fundamentos acerca del tema político, como el poder, la libertad,
la justicia. La propiedad, los derechos y aplicación en un código legal por la
autoridad, en cuanto su origen, esencia, límites, legitimidad, naturaleza,
necesidad y alcances.
La filosofía política ha variado a través de la historia,
para los griegos la ciudad era el centro y el fin de toda actividad política,
en el medievo es el período histórico que va desde el siglo V al siglo XV de
toda actividad política que se centraba en las relaciones que debe mantener el
ser humano con el orden dado por Dios.
El renacimiento de la filosofía política adopta un
enfoque básicamente antropocéntrico que es una doctrina en el plano de la
epistemología que estudia los métodos y fundamentos del conocimiento científico
situada por el ser humano como medida de todas las cosas. En el mundo moderno y
contemporáneo donde surgen y conviven muchos modelos, que van desde los totalitarismos
que es el régimen político que concentra la totalidad de los poderes estatales
hasta los sistemas democráticos participativos donde existen muchas variantes.
Detrás de la política hay una historia, una doctrina, una
elaboración conceptual, en suma: una filosofía. Esta es la filosofía política,
que entraña un conjunto de principios de interpretación del mundo social y de
justificación de los actos humanos dentro de él.
La ideología política, en la medida en que entraña una
cosmovisión, tiene ingredientes filosóficos. La ideología es una forma de ver
el mundo y la fenomenología social.
Ciertas filosofías que promueven el poder, la raza, la
religión, el Estado o la guerra de conquista inducen a la formación de
ideologías políticas autoritarias mientras otras forjan ideologías
democráticas. Todo depende de los valores que cada una de ellas consagra. Las
ideologías democráticas obedecen a filosofías para las cuales los valores de la
libertad, la igualdad y la dignidad humana merecen alta estima. En todo caso,
los valores filosóficos se plasman en los planteamientos ideológicos y éstos se
desarrollan en los planes de gobierno.
Textos de Aristóteles. Fragmento del libro I de la
"Política"
Capítulo I. Origen del Estado y de la Sociedad
Todo Estado es, evidentemente, una asociación, y toda
asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres,
cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les
parece ser bueno. Es claro, por tanto, que todas las asociaciones tienden a un
bien de cierta especie, y que el más importante de todos los bienes debe ser el
objeto de la más importante de las asociaciones, de aquella que encierra todas
las demás, y a la cual se llama precisamente Estado y asociación política.
No han tenido razón, pues, los autores para afirmar que los
caracteres de rey, magistrado, padre de familia y dueño se confunden. Esto
equivale a suponer que toda la diferencia entre éstos no consiste sino en el
más y el menos, sin ser específica; que un pequeño número de administrados
constituiría el dueño, un número mayor el padre de familia, uno más grande el
magistrado o el rey; es de suponer, en fin, que una gran familia es en absoluto
un pequeño Estado. Estos autores añaden, por lo que hace al magistrado y al
rey, que el poder del uno es personal e independiente, y que el otro es en
parte jefe y en parte súbdito, sirviéndose de las definiciones mismas de su
pretendida ciencia.
Toda esta teoría es falsa; y bastará, para convencerse de
ello, adoptar en este estudio nuestro método habitual. Aquí, como en los demás
casos, conviene reducir lo compuesto a sus elementos indescomponibles, es
decir, a las más pequeñas partes del conjunto. Indagando así cuáles son los
elementos constitutivos del Estado, reconoceremos mejor en qué difieren estos
elementos, y veremos si se pueden sentar algunos principios científicos para
resolver las cuestiones de que acabamos de hablar. En esto, como en todo,
remontarse al origen de las cosas y seguir atentamente su desenvolvimiento es
el camino más seguro para la observación.
Por lo pronto, es obra de la necesidad la aproximación de
dos seres que no pueden nada el uno sin el otro: me refiero a la unión de los
sexos para la reproducción. Y en esto no hay nada de arbitrario, porque lo
mismo en el hombre que en todos los demás animales y en las plantas existe un
deseo natural de querer dejar tras sí un ser formado a su imagen.
La naturaleza, teniendo en cuenta la necesidad de la
conservación, ha creado a unos seres para mandar y a otros para obedecer. Ha
querido que el ser dotado de razón y de previsión mande como dueño, así como
también que el ser capaz por sus facultades corporales de ejecutar las órdenes,
obedezca como esclavo, y de esta suerte el interés del señor y el del esclavo
se confunden.
La naturaleza ha fijado, por consiguiente, la condición
especial de la mujer y la del esclavo. La naturaleza no es mezquina como
nuestros artistas, y nada de lo que hace se parece a los cuchillos de Delfos
fabricados por aquéllos. En la naturaleza un ser no tiene más que un solo
destino, porque los instrumentos son más perfectos cuando sirven, no para
muchos usos, sino para uno sólo. Entre los bárbaros, la mujer y el esclavo
están en una misma línea, y la razón es muy clara; la naturaleza no ha creado
entre ellos un ser destinado a mandar, y realmente no cabe entre los mismos
otra unión que la de esclavo con esclava, y los poetas no se engañan cuando
dicen: "Sí, el griego tiene derecho a mandar al bárbaro", puesto que
la naturaleza ha querido que bárbaro y esclavo fuesen una misma cosa.
Estas dos primeras asociaciones, la del señor y el esclavo,
la del esposo y la mujer, son las bases de la familia, y Hesíodo lo ha dicho
muy bien en este verso: "La casa, después la mujer y el buey arador";
porque el pobre no tiene otro esclavo que el buey. Así, pues, la asociación
natural y permanente es la familia, y Corondas ha podido decir de los miembros
que la componen "que comían a la misma mesa", y Epiménides de Creta
"que se calentaban en el mismo hogar".
La primera asociación de muchas familias, pero formada en
virtud de relaciones que no son cotidianas, es el pueblo, que justamente puede
llamarse colonia natural de la familia, porque los individuos que componen el
pueblo, como dicen algunos autores, "han mamado la leche de la
familia", son sus hijos, "los hijos de sus hijos". Si los
primeros Estados se han visto sometidos a reyes, y si las grandes naciones lo
están aún hoy, es porque tales Estados se formaron con elementos habituados a
la autoridad real, puesto que en la familia el de más edad es el verdadero rey,
y las colonias de la familia han seguido filialmente el ejemplo que se les
había dado. Por esto, Homero ha podido decir: "Cada uno por separado
gobierna como señor a sus mujeres y a sus hijos".
En su origen todas las familias aisladas se gobernaban de
esta manera. De aquí la común opinión según la que están los dioses sometidos a
un rey, porque todos los pueblos reconocieron en otro tiempo o reconocen aún
hoy la autoridad real, y los hombres nunca han dejado de atribuir a los dioses
sus propios hábitos, así como se los representaban a imagen suya.
La asociación de muchos pueblos forma un Estado completo,
que llega, si puede decirse así, a bastarse absolutamente a sí mismo, teniendo
por origen las necesidades de la vida, y debiendo su subsistencia al hecho de
ser éstas satisfechas.
Así el Estado procede siempre de la naturaleza, lo mismo que
las primeras asociaciones, cuyo fin último es aquél; porque la naturaleza de
una cosa es precisamente su fin, y lo que es cada uno de los seres cuando ha
alcanzado su completo desenvolvimiento se dice que es su naturaleza propia, ya
se trate de un hombre, de un caballo o de una familia. Puede añadirse que este
destino y este fin de los seres es para los mismos el primero de los bienes, y
bastarse a sí mismos es, a la vez, un fin y una felicidad. De donde se concluye
evidentemente que el Estado es un hecho natural, que el hombre es un ser
naturalmente sociable, y que el que vive fuera de la sociedad por organización
y no por efecto del azar es, ciertamente, o un ser degradado, o un ser superior
a la especie humana; y a él pueden aplicarse aquellas palabras de Homero:
"Sin familia, sin leyes, sin hogar..." El hombre que fuese por
naturaleza tal como lo pinta el poeta, sólo respiraría guerra, porque sería
incapaz de unirse con nadie, como sucede a las aves de rapiña.
Si el hombre es infinitamente más sociable que las abejas y
que todos los demás animales que viven en grey, es evidentemente, como he dicho
muchas veces, porque la naturaleza no hace nada en vano. Pues bien, ella
concede la palabra al hombre exclusivamente. Es verdad que la voz puede
realmente expresar la alegría y el dolor, y así no les falta a los demás
animales, porque su organización les permite sentir estas dos afecciones y
comunicárselas entre sí; pero la palabra ha sido concedida para expresar el
bien y el mal, y, por consiguiente, lo justo y lo injusto, y el hombre tiene
esto de especial entre todos los animales: que sólo él percibe el bien y el mal,
lo justo y lo injusto y todos los sentimientos del mismo orden cuya asociación
constituye precisamente la familia y el Estado.
No puede ponerse en duda que el Estado está naturalmente
sobre la familia y sobre cada individuo, porque el todo es necesariamente
superior a la parte, puesto que una vez destruido el todo, ya no hay partes, no
hay pies, no hay manos, a no ser que por una pura analogía de palabras se diga
una mano de piedra, porque la mano separada del cuerpo no es ya una mano real.
Las cosas se definen en general por los actos que realizan y pueden realizar, y
tan pronto como cesa su aptitud anterior no puede decirse ya que sean las
mismas; lo único que hay es que están comprendidas bajo un mismo nombre. Lo que
prueba claramente la necesidad natural del Estado y su superioridad sobre el
individuo es que, si no se admitiera, resultaría que puede el individuo
entonces bastarse a sí mismo aislado así del todo como del resto de las partes;
pero aquel que no puede vivir en sociedad y que en medio de su independencia no
tiene necesidades, no puede ser nunca miembro del Estado; es un bruto o un
dios.
La naturaleza arrastra, pues, instintivamente a todos los
hombres a la asociación política. El primero que la instituyó hizo un inmenso
servicio, porque el hombre, que cuando ha alcanzado toda la perfección posible
es el primero de los animales, es el último cuando vive sin leyes y sin
justicia. En efecto, nada hay más monstruoso que la injusticia armada. El
hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y de la virtud,
que debe emplear sobre todo para combatir las malas pasiones. Sin la virtud es
el ser más perverso y más feroz, porque sólo tiene los arrebatos brutales del
amor y del hambre. La justicia es una necesidad social, porque el derecho es la
regla de vida para la asociación política, y la decisión de lo justo es lo que
constituye el derecho.
Política, Libro I. De la sociedad civil. De la
esclavitud. De la propiedad. Del poder doméstico. Según la versión de la
"Política" de Patricio de Azcárate (1800-1886).
Análisis del libro "La Política" de
Aristóteles
Libro primero:
Todo Estado está conformado por una asociación de
familias que tienden a un bien común, y éste bien es el objeto más importante
de esta asociación de tipo política, ya que, como en todas las asociaciones que
forma el hombre,
sólo hacen lo que les parece bueno. En las familias las bases de las
asociaciones se dan, entre el señor y el esclavo, y ente el esposo y la mujer,
siendo éstas, asociaciones de tipo natural, puesto que la naturaleza ha creado
seres para mandar y otros para obedecer, donde el que esta dotado de razón y
previsión sea el dueño, y el que por sus facultades corporales sea capaz de
obedecer y cumplir las órdenes, obedezca como esclavo.
La primera asociación se da entre muchas familias,
conformando el pueblo, y de la asociación de muchos pueblos, se forma el Estado que
llega a su forma última, cuando es capaz de bastarse absolutamente a sí mismo,
es decir, que se forma por la necesidad de satisfacer las necesidades de la
vida. La formación del Estado es un hecho natural, ya que el hombre es
un ser naturalmente sociable, porque no puede bastarse a sí mismo separado del
todo como el resto de las partes, siendo aquél que vive fuera de ésta, un ser
superior a la especie, o una bestia. Por todo esto, la naturaleza arrastra
instintivamente al hombre a la asociación política.
La naturaleza le concede al hombre exclusivamente la
palabra, mediante la cual, diferencia el bien del mal y lo justo de lo injusto,
siendo esto la principal característica que lo hace distinto de los demás
animales. La justicia es
una necesidad social, porque el derecho es la regla de la vida para la
asociación política, y la decisión de lo justo es lo que constituye al derecho.
Por último, el Estado es siempre anterior a la familia y a
cada individuo en
particular, porque el todo está siempre por encima de las partes, y una vez que
es destruido éste, ya no hay partes, porque solas carecerían de función
alguna.
Los elementos de la economía doméstica son los esclavos y
los hombres libres, siendo las partes primitivas, el señor y el esclavo, el
hombre y la mujer y por último el padre y los hijos, siendo posible añadir un
cuarto elemento que es la llamada adquisición de la propiedad, ya que sin las
cosas de primera necesidad, el hombre no podría vivir.
La propiedad es un elemento de la naturaleza, siendo
dentro de ésta, el esclavo, la propiedad viva. Pero el esclavo no es sólo un
esclavo, sino que depende de su señor absolutamente, convirtiéndose en
propiedad como instrumento de uso, pero absolutamente individual, al ser un
hombre de otro hombre. "...Si las lanzaderas tejiesen por sí mismas; si el
arco tocase por sí solo la cítara, los empresarios prescindirían de los
operarios y los señores de los esclavos..." (pág. 45).
Algunos esclavos lo son por naturaleza, ya que hay seres
que desde el momento en que nacen están destinados a obedecer y otros lo están
para mandar, porque ambos elementos, la obediencia y la autoridad, se
encuentran en todo conjunto que aspire a un resultado común, con razón se puede
sostener que hay esclavos y hombres libres que lo son por obra de la
naturaleza. El hombre esta formado por un alma que le sirve para mandar, y un
cuerpo que le sirve para obedecer, en los hombres corruptos suele dominar el
alma sobre el cuerpo, que es lo contrario a la naturaleza. "...El alma
manda al cuerpo como un dueño a su esclavo, y la razón manda al instinto como
un magistrado, como un rey..." (pág. 47).
Si bien hay esclavos que lo son por naturaleza, los
vencidos en la guerra también se los reconoce como propiedad del vencedor, ya
que la victoria supone siempre una superioridad en ciertos temas y la virtud
tiene derecho, como medio de acción, a utilizar hasta la violencia.
El saber emplear a los esclavos constituye una ciencia,
no por poseerlos, sino porque se sirve de ellos, esta consiste en saber mandar
lo que los esclavos deben hacer, para poder ellos dedicarse a la vida política
o a la filosofía. También se les podrían enseñar ciertas artes como preparar
las viandas, ya que algunos servicios son más necesarios que otros
De la adquisición de los bienes:
La adquisición de los bienes no se debe confundir con la
administración doméstica, ya que una emplea lo que la otra suministra.
Algunos hombres son nómades, éstos viven en absoluta
ociosidad, sin trabajo, y se alimentan de la carne de los animales que crían,
otros viven del pillaje, otros de la pesca, otros cazan las aves y los animales
bravíos, pero la mayoría vive del cultivo de la tierra y de sus frutos, siendo
los modos de existencia del hombre: nómade, agricultor, bandolero, cazador o
pescador, pudiendo combinar los diversos modos de vivir como por ejemplo,
siendo nómades y salteadores o cultivadores y cazadores. La naturaleza nada
hace en vano, por lo que es de necesidad que halla creado todo esto para el
hombre, hasta la guerra misma es un medio de adquisición de bienes.
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