Metafísica



¿Por qué hay algo y no, más bien, nada? Pregunta fundamental formulada por Heiddeger, Leibniz, Schelling, Unamuno, y por muchísimos de nosotros...

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https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=HYtMXwPtgD8

METAFÍSICA- ARISTÓTELES  -LIBRO CUARTO

 - I -            Hay una ciencia que estudia el ser en tanto que ser y los accidentes  propios del ser. Esta ciencia es diferente de todas las ciencias  particulares, porque ninguna de ellas estudia en general el ser en tanto que ser. Estas ciencias sólo tratan del ser desde cierto punto de vista, y  sólo desde este punto de vista estudian sus accidentes; en este caso están  las ciencias matemáticas. Pero puesto que indagamos los principios, las        causas más elevadas, es evidente que estos principios deben de tener una  naturaleza propia. Por tanto, si los que han indagado los elementos de los  seres buscaban estos principios, debían necesariamente estudiar en tanto  que seres. Por esta razón debemos nosotros también estudiar las causas  primeras del ser en tanto que ser.


METAFÍSICA, LLambías de Azevedo. “MANUAL DE METAFÍSICA” 

La palabra Metafísica fue empleada por primera vez por el filósofo latino Boeccio y divulgada por el filósofo árabe Averroes. 
Esta palabra es una contracción de la frase griega: “Tá metá tá fysiká”, que quiere decir “lo que está más allá de la física”. La palabra no fue empleada por ningún filósofo griego, aunque se encuentra el concepto “Tá metá tá fysika”. 
Este concepto fue puesto a un grupo de escritos de Aristóteles, que fueron encontrados 200 años después de su muerte y fueron guardados por su sobrino en el Liceo, y encontrados por un alumnos de este, llamado Andrónico de Rodas. El alumno ordeno estos escritos en dos grandes grupos, los escritos que trataban de la física y los escritos, que contenían temas más generales, le puso “Tá metá tá fysiká”. 
Según la opinión corriente, el nombre se debe a una simple razón de orden bibliotecario, que significa “lo que esta después de la física”, ya que estos escritos estaban después de los textos de Física, coincidiendo así el concepto con el objetivo de la metafísica. 
Es una gran coincidencia que el término usado para un orden bibliotecario haya coincidido tan bien con el objetivo. Por lo que el profesor Reiner, planteo por medio de unos artículos que la razón del concepto dado a los escritos era más profundo. 
En primer lugar por una razón didáctica, por el orden de los estudios en el Liceo (lugar donde Aristóteles trasmitía sus enseñanzas) ya que primero se enseñaba la física y luego la metafísica. 
En segundo lugar la palabra obedece a un orden de conocimiento porque primero conocemos lo físico, a través de los sentidos y luego por medio de la abstracción y de la reflexión podemos conocer lo metafísico. 
Por lo tanto este término no pertenece a un orden bibliotecario sino más bien a un orden de conocimiento y didáctico. 

Aristóteles no llamo a estos estudios Metafísica, sino que “Filosofía Prima”, o sea filosofía primera, también utilizado por Descartes. También se le ha llamado “Dialéctica”, nombre dado por Platón. Hegel la llamo “Lógica” porque según él las leyes del pensamiento son las mismas leyes de la realidad. Porque en el fondo la realidad es pensamiento, es concepto y concepto es realidad. Esta es la tesis del idealismo absoluto por esto no hay diferencia entre metafísica y lógica. 

Aristóteles entendió como “Filosofía prima” a la ciencia teórica de los primeros principios y de las primeras causas. Este modo de considerar el objeto es demasiado general, porque toda filosofía tiene por objeto los primeros principios. 
Por lo que Aristóteles entendía que su objeto (metafísica) era el ente en cuanto ente y sus atributos esenciales. 
Es importante recordar que un ente, “es algo que es” o también se puede decir “lo que es, existe o puede existir”. 
En la definición de “Filosofía prima” la metafísica quiere decir lo mismo que la ontología y su objeto, o sea el ente en cuanto a ente; hace un estudio más profundo, no va a estudiar a un ente en cuanto son minerales vegetales u hombres, o quedarse, en el caso del mineral, con sus características como el peso o el brillo sino que su objetivo tiene otras determinaciones más generales: esencia, existencia, ser, causas, etc. 
Vale recordar que no se trata de un objeto que está más allá de la física, sino de algo que está en lo físico. 

En un segundo sentido se puede entender por metafísica al conocimiento de los entes que son inmateriales, o sea que no se dan a los sentidos, que son intangibles no físicos. Podemos decir que estos entes van a ser entes metafísicos, que pueden ser el alma, Dios o el espíritu. Este modo de concebir a la metafísica fue adoptada por el filósofo francés Descartes. 

En tercer lugar se entiende como metafísica al conocimiento de lo que son las cosas en sí mismas por oposición a las apariencia o a los fenómenos (el modo en que se nos presentan a nosotros). Lo metafísico seria lo que se esconde detrás de esos fenómenos. 
Por lo tanto se debe profundizar el estudio de las cosas y no quedarse con las apariencias. Por otro lado se distinguen dos planos separados: un plano del ente, lo que es para nosotros, de lo que percibimos (fenómenos y apariencias) y el otro plano que está detrás de eso, es el de las cosas tales como son en sí mismas. El filósofo que entendió a la metafísica así fue Kant.

La palabra Metafísica fue empleada por primera vez por el filósofo latino Boeccio y divulgada por el filósofo árabe Averroes.
Esta palabra es una contracción de la frase griega: “Tá metá tá fysiká”, que quiere decir “lo que está más allá de la física”. La palabra no fue empleada por ningún filósofo griego, aunque se encuentra el concepto “Tá metá tá fysika”.
Este concepto fue puesto a un grupo de escritos de Aristóteles, que fueron encontrados 200 años después de su muerte y fueron guardados por su sobrino en el Liceo, y encontrados por un alumnos de este, llamado Andrónico de Rodas. El alumno ordeno estos escritos en dos grandes grupos, los escritos que trataban de la física y los escritos, que contenían temas más generales, le puso “Tá metá tá fysiká”.Según la opinión corriente, el nombre se debe a una simple razón de orden bibliotecario, que significa “lo que esta después de la física”, ya que estos escritos estaban después de los textos de Física, coincidiendo así el concepto con el objetivo de la metafísica.
Es una gran coincidencia que el término usado para un orden bibliotecario haya coincidido tan bien con el objetivo. Por lo que el profesor Reiner, planteo por medio de unos artículos que la razón del concepto dado a los escritos era más profundo.
En primer lugar por una razón didáctica, por el orden de los estudios en el Liceo (lugar donde Aristóteles trasmitía sus enseñanzas) ya que primero se enseñaba la física y luego la metafísica.
En segundo lugar la palabra obedece a un orden de conocimiento porque primero conocemos lo físico, a través de los sentidos y luego por medio de la abstracción y de la reflexión podemos conocer lo metafísico.
Por lo tanto este término no pertenece a un orden bibliotecario sino más bien a un orden de conocimiento y didáctico.

Aristóteles no llamo a estos estudios Metafísica, sino que “Filosofía Prima”, o sea filosofía primera, también utilizado por Descartes. También se le ha llamado “Dialéctica”, nombre dado por Platón. Hegel la llamo “Lógica” porque según él las leyes del pensamiento son las mismas leyes de la realidad. Porque en el fondo la realidad es pensamiento, es concepto y concepto es realidad. Esta es la tesis del idealismo absoluto por esto no hay diferencia entre metafísica y lógica.

Aristóteles entendió como “Filosofía prima” a la ciencia teórica de los primeros principios y de las primeras causas. Este modo de considerar el objeto es demasiado general, porque toda filosofía tiene por objeto los primeros principios.
Por lo que Aristóteles entendía que su objeto (metafísica) era el ente en cuanto ente y sus atributos esenciales.
Es importante recordar que un ente, “es algo que es” o también se puede decir “lo que es, existe o puede existir”.
En la definición de “Filosofía prima” la metafísica quiere decir lo mismo que la ontología y su objeto, o sea el ente en cuanto a ente; hace un estudio más profundo, no va a estudiar a un ente en cuanto son minerales vegetales u hombres, o quedarse, en el caso del mineral, con sus características como el peso o el brillo sino que su objetivo tiene otras determinaciones más generales: esencia, existencia, ser, causas, etc.
Vale recordar que no se trata de un objeto que está más allá de la física, sino de algo que está en lo físico.

En un segundo sentido se puede entender por metafísica al conocimiento de los entes que son inmateriales, o sea que no se dan a los sentidos, que son intangibles no físicos. Podemos decir que estos entes van a ser entes metafísicos, que pueden ser el alma, Dios o el espíritu. Este modo de concebir a la metafísica fue adoptada por el filósofo francés Descartes.

En tercer lugar se entiende como metafísica al conocimiento de lo que son las cosas en sí mismas por oposición a las apariencia o a los fenómenos (el modo en que se nos presentan a nosotros). Lo metafísico seria lo que se esconde detrás de esos fenómenos.
Por lo tanto se debe profundizar el estudio de las cosas y no quedarse con las apariencias. Por otro lado se distinguen dos planos separados: un plano del ente, lo que es para nosotros, de lo que percibimos (fenómenos y apariencias) y el otro plano que está detrás de eso, es el de las cosas tales como son en sí mismas. El filósofo que entendió a la metafísica así fue Kant.
La palabra Metafísica fue empleada por primera vez por el filósofo latino Boeccio y divulgada por el filósofo árabe Averroes. Esta palabra es una contracción de la frase griega: “Tá metá tá fysiká”, que quiere decir “lo que está más allá de la física”. La palabra no fue empleada por ningún filósofo griego, aunque se encuentra el concepto “Tá metá tá fysika”. Este concepto fue puesto a un grupo de escritos de Aristóteles, que fueron encontrados 200 años después de su muerte y fueron guardados por su sobrino en el Liceo, y encontrados por un alumnos de este, llamado Andrónico de Rodas. El alumno ordeno estos escritos en dos grandes grupos, los escritos que trataban de la física y los escritos, que contenían temas más generales, le puso “Tá metá tá fysiká”. Según la opinión corriente, el nombre se debe a una simple razón de orden bibliotecario, que significa “lo que esta después de la física”, ya que estos escritos estaban después de los textos de Física, coincidiendo así el concepto con el objetivo de la metafísica. Es una gran coincidencia que el término usado para un orden bibliotecario haya coincidido tan bien con el objetivo. Por lo que el profesor Reiner, planteo por medio de unos artículos que la razón del concepto dado a los escritos era más profundo. En primer lugar por una razón didáctica, por el orden de los estudios en el Liceo (lugar donde Aristóteles trasmitía sus enseñanzas) ya que primero se enseñaba la física y luego la metafísica. En segundo lugar la palabra obedece a un orden de conocimiento porque primero conocemos lo físico, a través de los sentidos y luego por medio de la abstracción y de la reflexión podemos conocer lo metafísico. Por lo tanto este término no pertenece a un orden bibliotecario sino más bien a un orden de conocimiento y didáctico.
Aristóteles no llamo a estos estudios Metafísica, sino que “Filosofía Prima”, o sea filosofía primera, también utilizado por Descartes. También se le ha llamado “Dialéctica”, nombre dado por Platón. Hegel la llamo “Lógica” porque según él las leyes del pensamiento son las mismas leyes de la realidad. Porque en el fondo la realidad es pensamiento, es concepto y concepto es realidad. Esta es la tesis del idealismo absoluto por esto no hay diferencia entre metafísica y lógica.
Aristóteles entendió como “Filosofía prima” a la ciencia teórica de los primeros principios y de las primeras causas. Este modo de considerar el objeto es demasiado general, porque toda filosofía tiene por objeto los primeros principios. Por lo que Aristóteles entendía que su objeto (metafísica) era el ente en cuanto ente y sus atributos esenciales. Es importante recordar que un ente, “es algo que es” o también se puede decir “lo que es, existe o puede existir”. En la definición de “Filosofía prima” la metafísica quiere decir lo mismo que la ontología y su objeto, o sea el ente en cuanto a ente; hace un estudio más profundo, no va a estudiar a un ente en cuanto son minerales vegetales u hombres, o quedarse, en el caso del mineral, con sus características como el peso o el brillo sino que su objetivo tiene otras determinaciones más generales: esencia, existencia, ser, causas, etc. Vale recordar que no se trata de un objeto que está más allá de la física, sino de algo que está en lo físico.
En un segundo sentido se puede entender por metafísica al conocimiento de los entes que son inmateriales, o sea que no se dan a los sentidos, que son intangibles no físicos. Podemos decir que estos entes van a ser entes metafísicos, que pueden ser el alma, Dios o el espíritu. Este modo de concebir a la metafísica fue adoptada por el filósofo francés Descartes.
En tercer lugar se entiende como metafísica al conocimiento de lo que son las cosas en sí mismas por oposición a las apariencia o a los fenómenos (el modo en que se nos presentan a nosotros). Lo metafísico seria lo que se esconde detrás de esos fenómenos. Por lo tanto se debe profundizar el estudio de las cosas y no quedarse con las apariencias. Por otro lado se distinguen dos planos separados: un plano del ente, lo que es para nosotros, de lo que percibimos (fenómenos y apariencias) y el otro plano que está detrás de eso, es el de las cosas tales como son en sí mismas. El filósofo que entendió a la metafísica así fue Kant.


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EL PROBLEMA METAFÍSICO
§ 1. El problema metafísico
“Toda la filosofía —escribía Descartes en el siglo xvii— es como un árbol: sus raíces constituyen la Metafísica; su tronco, la Física, y las ramas que salen de ese tronco, las demás ciencias”. Esta vieja imagen cartesiana muestra con suficiente claridad el lugar preponderante que han ocupado y que aún ocupan los problemas metafísicos dentro del conjunto de Ias cuestiones filosóficas tradicionales.
Al buscar una explicación total y unificadora de la realidad, de su origen y sentido, la filosofía cede inevitablemente paso a una de sus disciplinas específicas con la cual muchas veces se confunde o identifica: la Metafísica. Toda afirmación sobre la totalidad de la realidad implica necesariamente el desarrollo de la problemática inherente a la noción de ser. Es ésta la más amplia de todas las nociones, aparentemente la más comprensible, pero al mismo tiempo Ia más reacia a ser aprehendida o definida. El conocimiento filosófico, en razón de su radicalidad y universalidad, se enfrenta siempre con ella, y la cuestión del ser viene a hallarse, de ese modo, en la base de todas las demás cuestiones.
“La noción de ser —dice Luis Lavelle (siglo xx)— es realmente la única que no puede evocarse sin estar obligado a afirmarla, ni suponerla negada sin estar obligado a negar su negación, de manera tal que, lejos de temer que no se pueda dar con el ser, hay que estar seguro, por el contrario, de no poder evadirse de él” (Introducción a la ontología,
págs. 19-20).
El problema del ser es, en efecto, el problema metafísico por excelencia. Toda la metafísica occidental, desde sus orígenes, no ha consistido en otra cosa que en el análisis de esta noción, aun cuando muchas veces, en la dilucidación de ella, se haya topado con el concepto más acercado al de ser: el de nada. La pregunta fundamental de Ia Metafísica es la siguiente: “¿por qué es en general lo que es —el ente—, y no más bien la nada?” Leibniz, que fue uno de quienes la formuló más adecuadamente, decía: “Es preciso ahora que nos elevemos a la Metafísica, sirviéndonos del gran principio, poco utilizado por lo común, según el cual no se hace cosa alguna sinrazón suficiente [véase Capítulo 5, parágrafo 5], es decir, que nada sucede sin que le sea posible a quien tuviese bastante conocimiento de las cosas, determinar por qué ha sido así y no de otra manera. Sentado este principio, la primera pregunta que hay derecho a hacerse es ésta: ¿por qué existe algo más bien que nada? Pues la nada es más sencilla y más fácil que el algo. Además, supuesto que las cosas deban existir mejor que ia nada, es preciso dar la razón de por qué deben existir de ésta y no de otra manera”. ‘Por qué soy? Por qué es el universo? ¿De dónde viene todo? ¿Cómo comprender que algo existe? La existencia se presenta decía Bergsofl, como una conquista sobre la nada... y el asombro surge, precisamente del hecho de que haya algo. El asombro —la angustia o la muerte— al presentarnos todo lo que hay en su más absoluta desnudez, independientemente de su función o utilidad —de ser cada cosa tal o cual cosa determinada—, al unificar seres y acontecimientos bajo el único común denominador de ser, nos vuelve cuestionable y enigmático lo que es usual y cotidiano: el espectáculo y la presencia de Ia realidad simplemente como tal Correlato de este asombro es la dificultad, la aporía, la contradicción, en fin, por lo menos aparente, de lo que por sí resultaba incuestionable y evidente. ¿Por qué todo es? ¿Por qué soy yo? ¿Qué quiere decir ser? ¿Por qué hay ser, si, como decía Leibniz, “la nada es más sencilla y fácil?” ¿Qué quiere decir nada?
Una vez que la apacible realidad se nos vuelve problema, arrastrándonos consigo, una vez que la cuestión del porqué del ser se nos hace presente, y que la presión de estos problemas nos impulsa a una búsqueda, no encuentra sosiego este afán hasta que nuestro asombro, como decía Aristóteles, no llegue a mudarse en un asombro contrario: “Nada dejaría más perplejo a un geómetra que el hecho de que la diagonal se vuelva conmensurable” (Metafísica, 983 a 19).


EL SER. ¿Qué quiere decir ser? Hasta la pregunta puede parecer superflua: se dirige a lo más comprensible y, de- hecho, ha llegado a censurarse de error metódico él formularia. En efecto, apenas intentamos adecuadamente preguntarnos qué es el ser, nos encontramos con dificultades, el camino se nos borra y los inconvenientes se multiplican a tal punto que parecería que, al querer aprehender el ser, todo sucediera como si nos quedásemos atrapando el vacío. Aunque por ser entendemos habitualmente la negación del no-ser, Ia ausencia de Ia nada, al tratar 269 LEIBNIZ Principios de La naturaleza y de la gracia, parágrafo 1. 268
 Ser no es lo mismo que ente. El primero, que gramaticalmente es un infinitivo verbal, puede, como tal, sustantivarse: el ser; el segundo es un participio de presente del mismo verbo. Ambos provienen, respectivamente, de las voces latinas ese y ens, y aunque en algunos casos ser y ente puedan resultar sinónimos en el lenguaje corriente (p. ej.: “un ser despreciable”, “un ente despreciable”), el uso técnico filosófico tiende a distinguirlos: ente es todo lo que es, todo lo existente; ser, en cambio, alude a lo que en un ente hace que éste sea ente, es decir, lo que el ente tiene y lo hace ser ente. “El ser y el ente se distinguen —señala Nicolai Hartmann— exactamente como la verdad y lo verdadero [.. .], la realidad y lo real.
Hay muchas cosas que son verdaderas, pero el ser verdadero mismo de estas cosas es uno y el mismo (Ontología, a, pág. 47).
Ente es algo que es; el ser es lo que entifica. El ser indica lo que todos los entes tienen en común. El ser del ente es uno, por múltiples que sean los entes. Ser, precisamente, designa a lo idéntico en la multiplicidad de los entes, a aquello que reúne, unifica y es la fuente de la multiplicidad de lo existente. De un modo análogo, el adjetivo ontológico tiene un significado diferente de óntico. Este último se refiere al ente, a lo existente; el primero, a la esencia de lo existente, al ser. Ser se nos presenta como el más universal de todos los conceptos, y por ello, como indefinible. Para definirlo habría que comenzar diciendo “el ser es”, y emplearíamos entonces la palabra definida en la definición misma. Si ésta se hace como lo pide la lógica tradicional, por género próximo y diferencia específica, no podemos incluir ser en un concepto más extenso y nos vemos necesitados de él mismo para definirlo. Tenemos de ser una cierta comprensión cotidiana, vaga, pero comprensión al fin y que Heidegger llama “pre-ontológica”, pero lo cierto es que la noción de ser se nos presenta como un dato último, supuesto de todas las demás nociones y más allá de la cual resulta muy difícil poder ir.
LA NADA. En el diálogo llamado Sofista, ya advertía Platón que la idea de ser ofrece tantos problemas como la idea de no-ser. De esta última no se han ocupado a menudo los filósofos occidentales; sin embargo, Bergson estaba en lo cierto cuando decía que era, en el fondo, “el resorte oculto, el invisible motor de la especulación filosófica” (La evolución creadora, Capítulo iv). La nada no puede pensarse, y, a diferencia de lo que indicaba Leibniz, el concepto de nada es un concepto que implica más que el algo. Cuando se piensa la nada, se piensa, de hecho, algo, más su correspondiente negación. En el juicio negativo se advierte esto con claridad: negar no es simplemente rechazar un juicio afirmativo posible. Si se dice “aquí no hay una flor”, lo que se hace es rechazar el juicio “aquí hay una flor”. La negación tiene por objeto no la ausencia de la flor (lo que implicaría una nada objetiva), sino el juicio “aquí hay una flor”. Esta ha sido, en líneas generales, la solución tradicional al problema de la nada: declarar impensable su presencia. No hay de ella ninguna aprehensión directa posible; no hay una nada objetiva, una nada presente.
Heidegger, en cambio, ha vuelto a mostrar que hay una experiencia particular, la de la angustia, en la que la nada se nos hace manifiesta y nos revela que “existir es estar sosteniéndose dentro de la nada”. “El no ser es una presencia perpetua en nosotros y fuera de nosotros”, dirá Sartre (L’être et le néant, pág. 47).
Hay así una aprehensión de la nada, y ella se vuelve objeto de conocimiento directo. En tanto hace surgir el ser y nuestro ser, algunos existencialistas han terminado por declarar que la realidad última no es óntica sino deóntica (Ia realidad del no ser), y hasta han invocado en su apoyo a los místicos que a través de los siglos han venido sosteniendo algo semejante.
EL MISTERIO ONTOLÓGICO. El problema del ser es el menos natural de todos los problemas; es quizá aquel que el sentido común no se plantea jamás. La índole de esta cuestión es tal que el filósofo francés contemporáneo Gabriel Marcel no quiere hablar de un problema del ser, de un problema ontológico, sino que prefiere denominarlo misterio: misterio ontológico. Un problema es algo con lo que uno tropieza, una dificultad u obstáculo que impide el camino y que se trata de sortear resolviéndolo; es algo —dice Marcel— “que encuentro, que aparece íntegramente ante mí, y que por lo mismo puedo asediar y reducir, mientras que el misterio es, en cambio, algo en que yo mismo estoy comprometido y que, por consiguiente, no es pensable sino como una esfera donde la distinción de lo que está en mí y de lo que está delante de mí pierde su significado y su valor inicial”.2 El problema del ser tiene las características de ser un problema en el cual el mismo yo está problematizado —lo que no ocurre en los demás casos—, y la de ser un problema en el cual el yo está personalmente comprometido. Por eso, este pretendido problema no es en realidad un problema, sino un misterio —y misterio no se confunde con lo incognoscible—. No cabe solucionar un misterio, pero sí aproximarse a él. Filosofar, para Marcel, no es pues tanto elucidar un problema, como participar en un misterio: el misterio ontológico. LA TEORÍA DE LA VIDA HUMANA. El pensador español Ortega y Gasset (siglo xx) ha señalado que la pregunta por el ser parte de un supuesto: el de la creencia en el ser, el de la creencia que las cosas son. Si la Metafísica es un saber que quiere carecer de supuestos y que busca presentarse como ciencia de la realidad radical, debe cuidar de no caer en la interpretación corriente de nuestra tradición intelectual que ve toda la realidad sub specie entis: como algo que es. La Metafísica no se identifica con la Ontología. La realidad radical es la vida humana, mi vida, la de cada uno. Ella es el ámbito donde se constituye toda realidad y ella, mi vida —la coexistencia de mi yo con lo que me rodea, mi mundo o circunstancia— es el fundamento último de todo. La Metafísica es, pues, teoría de la vida humana. de apresarlo, se nos presenta éste casi igual que la nada. No p predicar nada del más general de los conceptos; pero nada podemos tampoco de la nada. Cuando pensamos el ser no pensamos en nada que sea efectivo. Su significación parece la de un vapor irreal, como si Nietzsche dice Heidegger, hubiese tenido toda la razón al denominar el concepto supremo de ser, “el último humo de la realidad evaporada”. G. Marcel, El misterio del ser, pág. I191. 270

Vicente Fatone –Introducción a la Filosofía

EL PROBLEMA DE LA REALIDAD

Cuando de la realidad se hace un problema filosófico no adentramos en el terreno de una de las disciplinas filosóficas, la metafísica. Aborda ésta el estudio del Ser, no como las ciencias centrándose en un aspecto de él, sino en su máxima generalidad. Se trata de determinar las características generales de todo cuanto existe, ¿qué es lo que hace que lo podamos considerar como real?. Se abre aquí una cuestión metafísica fundamental: ¿en qué medida la realidad es fruto del sujeto o lo es con independencia de él?, es decir, ¿en qué medida la realidad es un producto de nuestra mente?. También analizaremos algunos de los problemas fundamentales de la metafísica occidental que tradicionalmente han girado en torno a tres grandes objetos: el yo o alma (¿tiene algún sentido la existencia?, ¿somos libres?), el mundo como totalidad (¿existe desde siempre o tuvo un inicio?, ¿reina en él el más férreo determinismo o todo es fruto del azar?, ¿es simple o compuesto?, etc.) y Dios (¿existe?, ¿se puede demostrar su existencia?, ¿qué sentido y qué origen tiene plantearse la existencia de Dios?).


“Pues bien, yo te diré, y tú, tras oír mi relato, llévatelo contigo, las únicas vías de investigación pensables. La una, que es y que le es imposible no ser, es el camino de la persuasión, porque acompaña a la verdad; la otra, que no es y que le es necesario no ser, ésta, te lo aseguro, es una vía totalmente indiscernible, pues no podrías conocer lo no ente ni expresarlo. *…+Lo que puede decirse y pensarse debe ser, pues es ser, pero la nada no es. Esto es lo que te ordeno que consideres, pues esta es la primera vía de investigación de la que intento apartarte y después de aquella por la que los hombres ignorantes vagan, bicéfalos; pues la incapacidad guía en su pecho el pensamiento errante; son arrastrados, sordos y ciegos a la vez, estupefactos, gentes sin juicio, que creen que ser y no ser son lo mismo y no lo mismo; el camino que todos ellos siguen es regresivo.*…+; mas tu aparta tu pensamiento de esta vía de investigación y no permitas que el hábito, hijo de la mucha experiencia, te obligue a dirigirte por este camino, forzándote a usar una mirada vacilante o un oído y una lengua plenos de sonido sin sentido, sino que juzga racionalmente la muy discutida refutación dicha por mí.”
Parménides, “Poema”


“Siendo las cosas así, es necesario admitir que existe una primera realidad: todo lo que tiene una forma inmutable, que de ninguna manera nace y muere, que nunca admite en sí ningún elemento venido de fuera, que nunca se transforma en otra cosa, lo que no es perceptible ni por la vista ni por ningún otro sentido, que sólo el entendimiento puede comprender.”
Platón, “Timeo

1 comentario:

  1. todo como el culo. un copiado y pegado q no se entiende nada. dos veces las mismas cosas, etc.

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